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Farfán, un complejo arqueológico en riesgo

Por Carlos Herz Sáenz

Publicado: 2014-01-25

El complejo arqueológico de Farfán se encuentra en el norte del Perú, en el distrito de Guadalupe, provincia de Pacasmayo, departamento de La Libertad. Ocupa un área de unos 5 km. cortada por la carretera Panamericana norte (entre los km 697-700). Fue un importante centro administrativo, político y religioso de sucesivas culturas: Lambayeque, luego Chimú y finalmente dominada por los Incas, habitada por personas de alto rango, principalmente mujeres ocupadas en la confección de finos textiles. A pesar de estar bastante afectado por la destrucción humana, se aprecia todavía su otrora grandeza por los restos de patios, terrazas, murallas, canales de riego, almacenes y corredores existentes. Tuvo una ubicación estratégica al controlar rutas hacia la sierra y en particular a Cajamarca (Jequetepeque). También se articuló con Chan Chan y Pakatnamú. Su símbolo protector fue un gran felino denominado Manu Rak, presente en la entrada. Desde el año 2006 fue declarado Patrimonio de la Nación.

Hace unos meses se presentaron importantes hallazgos, resultado de 14 años de investigación realizada por la doctora Carol Makey, resaltándose 98 restos humanos, unos 300 cerámicos, textiles y alimentos de hasta tres culturas distintas. Cabe resaltar también cántaros confeccionados por los incas para preparar y guardar chicha de maíz, consumida ritualmente.

Sin embargo, como muchos de los sitios arqueológicos que poseen esta enorme riqueza aprovechable social, cultural y económicamente, Farfán se encuentra prácticamente abandonado, sin infraestructura de servicios y es objeto de conflictos sociales por la expansión urbana y agrícola, en riesgo de ser invadido por pobladores y agricultores incitados por traficantes de tierras, además de estar en buena parte convertido en un lugar de depósito y quema de basura, y de desmonte.

Recientemente se realizó parte de los trabajos de delimitación del sitio por la Dirección Regional de Cultura, en coordinación con la municipalidad de Guadalupe y la Policía Nacional. Preocupantemente, la población local (comunidad campesina de Jequetepeque y el Comité Camino a la Bocana) se opuso a esta necesaria demarcación, incluso por la fuerza. Asimismo, el municipio de Guadalupe tomó la iniciativa de erradicar los desperdicios, pero debido a su limitada capacidad logística y la ausencia de un efectivo plan de gestión de residuos sólidos, la zona continúa siendo un basural por acción de los vecinos.

El caso del complejo arqueológico de Farfán nos sirve de ejemplo de una realidad que se repite cotidianamente en el país frente al patrimonio cultural. Por un lado, la población no percibe un beneficio de esos sitios, no los valora ni se siente identificada culturalmente. Por otro lado, las autoridades del Ministerio de Cultura, institucionalmente débiles por más buena intención que tengan, no generan y promueven la puesta en valor del sitio. Mucho de lo descubierto en Farfán es resultado del trabajo académico y de investigación de una profesional extranjera amante de nuestra riqueza cultural. El municipio distrital ha mostrado interés en proteger el lugar, pero rebasa su capacidad y requiere de un soporte del municipio provincial y del Gobierno Regional. Asimismo, el sector privado no está presente ni se estimula su participación desde una lógica de responsabilidad social y de actor en el desarrollo territorial.

Lo que está pendiente y con urgencia en Farfán es realizar un esfuerzo de articulación de instituciones y actores que concerten una propuesta en la que la protección del patrimonio cultural genere a su vez un creciente y adecuado beneficio a las poblaciones locales, desde una visión de desarrollo territorial, más aún si se trata de un sitio arqueológico en la ruta cultural y turística mochica-chimú. Y así debería ser considerada e integrada.


Escrito por

noticiasser

Una publicación de la Asociación SER


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